Política

La ultraderecha y el espectro de Milei y Hitler | Opinión

Hoy dicen que Javier Milei, en Argentina, es de ultraderecha.

Es fácil hablar de derechas e izquierdas, pero difícil entender de qué se habla. Y esto no es porque quienes hablan de derechas o izquierda sean incultos o cínicos, aunque también los hay, sino porque por su propia naturaleza los términos confunden, y los medios suman a eso. Así, hoy dicen que Javier Milei, en Argentina, es de ultraderecha, que se ubica ahí donde están Bolsonaro, Donald Trump y, cómo no, Hitler.

Esto sirve para que los enemigos de las democracias y para que los oponentes de Milei puedan construir un muñeco al que sea fácil golpear. Y, claro, si alguien dice que un candidato es de ultraderecha, y ahí se ubica también a Hitler, hay pocos que dudarían en condenar y rechazar a ese personaje que se asemeja a uno de los mayores genocidas de la historia.

Pero lo cierto es que la clasificación que hoy utilizamos de derechas o izquierdas le hace un flaco favor a entender la realidad y pierde sentido cuando uno estudia a fondo a personajes como Hitler, supuestamente de ultraderecha, que se asemeja mucho más a Joseph Stalin o Fidel Castro, teóricamente de ultraizquierda, que a personajes como Donald Trump o Bolsonaro: ambos presidentes elegidos democráticamente, ambos presidentes que, también, perdieron democráticamente y que ya no están en el poder.

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Y esto es porque, como bien sostiene el escritor y analista político Juan Claudio Lechín, estos personajes con los que se pretende caricaturizar a líderes de hoy, pertenecen a sistemas diametralmente distintos. Hitler, Stalin, Castro o Hugo Chávez pertenecen a un sistema absolutista. Todos fueron dictadores que tomaron todas las instituciones políticas y militares en sus respectivos países bajo estrategias y programas que siguen pasos similares. Poco importa la ideología detrás del actuar de cada uno: si uno creía en la empresa privada y el otro no, si uno creía en la teoría objetiva del valor o el otro no. Dentro de ese absolutismo, hay matices y manejos distintos y ahí es que se puede comparar y diferenciar entre Hitler y Stalin (aunque ambos comparten el hecho de que sus sistemas trajeron consigo la muerte de millones de inocentes, bajo Stalin mucho más dicho sea de paso).

Pero Milei, Trump, Bolsonaro o líderes como Gabriel Boric, en Chile, pertenecen a otro sector: uno que funciona bajo determinadas reglas democráticas e institucionales y que, dentro de esas reglas, tienen también sus matices: más intervención del Estado, menos intervención del Estado, sí o no al aborto, más o menos impuestos. Y ahí es cuando, si se revisan las propuestas económicas de Milei, si se quiere, podría ubicársele más a la derecha en comparación con el resto de América Latina y a Boric más a la izquierda. Pero lo cierto es que, con todo e histrionismo e insultos, a estos personajes aún se les halla dentro de un espectro político que existe en otro universo, y que no es el mismo que el de los absolutistas a quienes tanto se menciona.

Si entendemos esto, podemos hacer un análisis más honesto de fenómenos como los de Milei, Trump o Bolsonaro, más allá de la ridiculización. Sin embargo, la estrategia de pretender demonizar funciona, y suele ser utilizada por quienes, más bien, pertenecen a ese otro espectro, donde sí hay dictaduras, donde sí hay copamiento de los Estados y donde no existe la democracia.

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