Cultura

El puente entre el mundo occidental y el mundo andino | Opinión

Los descendientes incas jugaron un papel relevante en la economía del Virreinato del Perú.

Luego de la llegada de Francisco Pizarro y la ejecución de Atahualpa, la noble estirpe incaica desapareció para siempre, víctimas de la brutalidad de la Conquista, para dar paso al régimen de dominio español. O al menos eso nos han contado en el colegio, pero ¿y si no fuera así?

Francisco Pizarro se dio cuenta de la necesidad de la continuación del gobierno del Inca, nombrando a Manco Inca como sucesor. La alianza de Manco Inca y los Pizarro fue efímera, iniciando un levantamiento poco tiempo después, pero no fue así con las demás panacas incaicas, que apoyaron a los españoles a través del hermano de Manco, Paullu Inca.

Gracias a ellos, la corona española respetó a estas panacas, agrupándolas en una institución creada por Carlos V llamada el Alferazgo Real del Inca, conformado por un consejo de 24 electores representando a las 12 panacas cusqueñas.

El Alferazgo Real del Inca desempeñó un papel relevante en el contexto histórico de la región, los descendientes incas se adaptaron al nuevo contexto y participaron activamente en la vida política, social y económica del Virreinato del Perú presidiendo tribunales, cabildos y alcaldías.

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Algunos de ellos alcanzaron posiciones de poder como funcionarios, administradores y gobernadores locales. Su conocimiento de las costumbres y la organización política incaica resultó valioso para las autoridades españolas, quienes reconocieron su capacidad de mantener el orden y la estabilidad en las regiones. Ellos fueron el puente entre el mundo occidental y el mundo andino.

La cultura fue un aspecto relevante para esta unión, empezando por el idioma, pues muchos de los descendientes incas aprendieron el español y se convirtieron en bilingües, o incluso trilingües, pues hablaban español, quechua y latín.

Los descendientes incas también jugaron un papel relevante en la economía del Virreinato del Perú. Muchos de ellos se involucraron en actividades comerciales, agricultura y minería, aprovechando la experiencia y el conocimiento heredados de sus antepasados. Su participación en la producción de bienes agrícolas y minerales contribuyó al crecimiento económico de la región y a la consolidación del Perú como centro de poder en la región.

Su alianza con España se basaba en el reconocimiento de su linaje, en palabras de Ramón Mujica Pinilla: la conquista española no representó para el inca virreinal un quiebre con su pasado histórico. Al contrario, las Cédulas Reales de Carlos V permiten el auge de la genealogía inca que empleó el sistema jurídico hispano para reconstruir los linajes prehispánicos.

Una genealogía que terminó con la República, cuando Simón Bolívar disolvió el Alferazgo Real del Inca, dejando a sus descendientes en el anonimato hasta hoy.

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