La pobreza es un gran desafío para las sociedades modernas. Por eso muchos gobiernos realizan una variedad de políticas públicas para su solución. Así encontramos generalmente dos tipos de enfoques:
El primero busca crear incentivos y dar oportunidades a las personas para desarrollarse. Esta estrategia se centra en mejorar las condiciones para que las personas puedan salir de la pobreza por sus propios medios. Esto significa ejecutar políticas que fomenten el emprendimiento, aumenten la productividad y creen empleo.
Por ejemplo, se pueden ofrecer incentivos financieros o exoneración de impuestos para el impulso de pequeñas y medianas empresas; así como mejorar las condiciones para el comercio internacional y la inversión extranjera. Además de esto, es importante brindar oportunidades para desarrollarse a través de la educación y la capacitación.
Un mayor acceso a la educación y la formación profesional puede aumentar la capacidad de las personas para tener empleos mejor remunerados y mejorar sus planes a futuro. Una de las principales ventajas de este enfoque es que no crea dependencia entre las personas y el Estado, sino que las capacita para ser autosuficientes y emprendedoras, cualidades que resaltan en los países con mayor desarrollo económico y bienestar de la población.
Por medio de este enfoque y su promoción del emprendimiento, no solo se mejoraría la calidad de los bienes y servicios que circulan en la sociedad gracias a un verdadero libre mercado, sino que también se impulsaría la creación de más empleo. Por otro lado, tenemos el enfoque del asistencialismo, que se centra en dar ayuda financiera directa a las personas en situación de pobreza.
El cual se basa en la idea de que el Estado debe brindar recursos a este sector de la población, con el fin de garantizar que tengan un nivel mínimo de bienestar. Y si bien este puede ser útil en el corto plazo al atender de manera directa las consecuencias de la pobreza como la desnutrición o la falta de acceso a una educación de calidad; también puede hacer dependientes y vulnerables a las personas.
El asistencialismo puede ser usado para que gobiernos populistas y autoritarios tengan el apoyo de los sectores más pobres, y así mantener el poder. Esto no es más que el aprovechamiento político de la necesidad económica de las personas. Además, crear demasiados programas sociales de este tipo puede implicar un gasto del presupuesto público insostenible, así como reducir los incentivos para el desarrollo económico y la productividad dentro del país.
De esta manera, hoy en día, el político promedio recurre a la vieja táctica romana de ofrecer “pan y circo”, aumentando la asistencia social para mantener a la población tranquila. Y así es como los más grandes actos de corrupción se han realizado.
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Estudiante de ciencia política.