“La Sociedad de la Nieve” no solo presenta la historia de un trágico accidente en los Andes, sino que también despliega un fascinante relato de supervivencia, resiliencia y fe. Admito que conocía de antemano la trama de la película a grosso modo, pues es casi imposible no haber escuchado del accidente aéreo que impactó a un equipo de rugby de jóvenes uruguayos en los Andes chilenos. Pero presenciarla en la pantalla grande resultó ser una experiencia que me capturó y conmovió al mismo tiempo.
Esta película, del director español Juan Antonio Bayona, -que es una tercera adaptación de este accidente- es, según los propios sobrevivientes, “la mejor versión entre ellas”.
Desde los primeros minutos, el filme impacta con la crudeza del choque de la aeronave, y a pesar de su larga duración de casi dos horas y media, la trama intensa y cautivadora mantiene al espectador inmerso sin sentir el paso del tiempo.
La película ilustra admirablemente la resiliencia al mostrar cómo el equipo se aferra a un liderazgo firme, siguen un plan de acción y toman decisiones difíciles y llenas de sacrificio por el bien de aquellos que dependen de ellos. Es un testimonio impactante de la confianza que estos hombres depositaron en su propia determinación para no ceder ante las gigantes adversidades de los Andes.
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La fe de estos chicos veinteañeros es un aspecto destacado a lo largo de la película. Personalmente, es excepcional encontrar en un film convencional la representación de oraciones como Avemarías y Padrenuestros recitados no solo con desesperación, sino también con una fe inquebrantable. Aunque el equipo de rugby se llamara Old Christians Club y es esperable que sean jóvenes creyentes, presenciar la paz y consuelo en sus rostros al rezar el rosario, sosteniéndolo en sus manos y buscando en Dios la única fuente de alivio, resulta profundamente reconfortante. Así de fuerte es la fe y por eso deberías aferrarte a ella durante tus propias catástrofes.
El gran mensaje que me llevo de la película es la complementariedad entre la religión y la resiliencia. Su relación con Dios jugó un papel extremadamente importante en su supervivencia, y cómo el liderazgo y el compromiso de todo el equipo, incluso con el frío desolador, todas las probabilidades en su contra y excepcional esfuerzo, muchas veces sin recompensa, los convirtió en una historia de éxito.
50 años después, aplaudo a estos sobrevivientes, quienes a pesar de la adversidad, abrazaron la fe y el liderazgo como vía de escape de la catástrofe. Algo digno de imitar.
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Periodista de ILAD Media