El fascismo es uno de los términos políticos más confusos en la actualidad y muchos verdaderamente no saben que representa esta ideología.
Parte del problema radica en que la izquierda clasifica a todo lo que se le opone automáticamente como fascista. Algunos incluso llegan a afirmar que el capitalismo en sí mismo es intrínsecamente fascista. ¿Es acaso esto cierto? ¿Se podría clasificar que toda la derecha y el capitalismo es inherentemente fascista?
Los fascios en la antigua Roma eran unas hachas envueltas en un bulto de varas de madera, utilizada por los magistrados para cargar todos los instrumentos necesarios para mantener el orden militar, con un arma de metal, y el orden civil, con las varas de madera. Este instrumento terminó sirviendo como un símbolo del poder de los magistrados romanos para poder mantener el orden en la sociedad a través del uso de la fuerza.
En el contexto moderno, se empezó a utilizar la expresión fascio en Italia a finales del siglo XIX para hacer referencia a cualquier agrupación política, especialmente aquellas de tinte sindicalista o gremialista. En este sentido habían distintos fascios desperdigados por todo Italia, dedicados a distintas causas, muchos de ellos provenían de un contexto socialista.
Después, en el año 1914, Benito Mussolini, introdujo el término fascismo para presentar su postura belicista de que Italia tenía que intervenir en la primera guerra mundial y derrotar a Alemania y a sus aliados para asegurar el bienestar del pueblo italiano. Más de 10 años después, Mussolini se proclamó dictador de Italia, acaparando el poder y suspendiendo al parlamento.
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En esencia, el fascismo es una ideología que sigue el propio significado de su nombre. El fascio representa a la sociedad, en la cual los individuos son como una vara de madera que puede ser fácilmente quebrantada, mientras que el bulto entero de varas representa al colectivo que unido no puede ser quebrantado.
En este sentido, el fascio pasó de ser un símbolo del poder del magistrado romano a un símbolo del poder que tiene el colectivo sobre los individuos. Por esto, la ideología fascista reposa en la idea de que el fin del Estado es asegurar el bienestar del colectivo, incluso si es necesario someter el bienestar de algunos individuos o grupos minoritarios.
Estos colectivos suelen basarse en la idea de la nación como el ente rector de la sociedad, pero la protección de la raza o la religión también pueden formar parte de los discursos fascistas.
Por este motivo, Mussolini afirmaba que era un deber de todos los ciudadanos servir al interés del pueblo italiano, viendo a los individuos como piezas dispensables de una máquina, que podían ser cambiadas o desechadas en cualquier momento.
El fascismo de Mussolini claramente inspiró otros movimientos colectivistas en Europa, como el nazismo en Alemania, el franquismo en España y el gobierno de Oliveira en Portugal. Este fenómeno desató una oleada de violencia sin precedentes que duró décadas, desembocando en las guerras más devastadoras en la historia de la humanidad. Durante este tiempo, se llevaron a cabo atrocidades inenarrables, como el Holocausto.
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Tampoco sería correcto equiparar al fascismo con el marxismo, dado que a pesar de que ambos sean colectivistas y de una clara tendencia de izquierda, queda bastante claro que el fascismo no cree que toda la sociedad debe estructurarse para beneficiar exclusivamente al proletariado, destruyendo así la propiedad privada y a las élites capitalistas.
Así, es evidente que existe una marcada discrepancia económica entre el fascismo y el socialismo. Mientras el socialismo abogaba por la demolición total del mercado capitalista y el liberalismo económico promovía el laissez faire, el fascismo buscaba trazar un tercer camino. De hecho, el fascismo puede considerarse uno de los primeros movimientos económicos centristas, ya que aspiraba a fusionar posturas económicas tanto de la derecha como de la izquierda.
Por estos motivos, Mussolini pensaba que el Estado debía intervenir en la economía para asegurar el bienestar del colectivo, en su caso específico la nación italiana, en industrias consideradas como esenciales, como la creación de armas, acero, vehículos, entre otros. De la misma manera, el fascismo siempre fue muy sindicalista, buscando proponer propuestas para regular la jornada máxima, salario mínimo, y la protección especial de ciertos gremios serviles a los intereses del fascismo.
En conclusión, a pesar de que el fascismo contradice al marxismo en temas económicos, consideramos absurdo querer clasificar esta ideología política con el espectro político de derecha cuando claramente esta se asemeja más a la izquierda clásica que se creó desde la revolución francesa, dado que es intervencionista en temas económicos y colectivista por naturaleza. Incluso, algunos eruditos clasifican a los jacobinos como proto fascistas.
Muchos han clasificado al fascismo como una ideología de ultraderecha, sin embargo, quizás sería más acertado clasificarla como una ideología ultracentrista o de centro antidemocrático.
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Abogado