Cultura

“Un buen mal policía”, sobre la última novela de Javier Cercas | Opinión

Punto aparte son los cameos del propio Javier Cercas dentro de estas novelas policiales.

La saga de la Terra Alta escrita por Javier Cercas llega a su fin (aparentemente) con la publicación de El castillo de Barbazul, la última aventura policial de Melchor Marín. En esta ocasión, el ex mozo de escuadra, enfrentará la peor de las tareas: dar con el paradero de su hija adolescente, quien ha desaparecido durante un viaje vacacional a Mallorca.

Antes que hablar de la capacidad narrativa de Cercas, prefiero deshojar margaritas: es una forma más efectiva de perder el tiempo, de modo que no lo haré. Lo que sí me parece relevante es mencionar cómo el autor ha logrado un crescendo en cuanto a la tensión que se percibe en el conjunto de las tramas de las tres novelas: El castillo… se lee —disculparán el lugar común— al borde del asiento.

Esto quizá se deba al enigma que aborda el libro: la desaparición de una hija adolescente, más aún con la, hoy en día, omnipresente sombra de las organizaciones criminales que se dedican a la trata de personas. La consecuencia es que el lector —muy en especial quienes somos padres— nos sintamos corriendo tras las pistas de la desaparición codo a codo con Melchor.

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Como toda obra de Cercas, esta también está llena de reflexiones sobre la literatura, la vida, la política, etc. Son como huevos de pascua escondidos entre sus páginas como la recompensa que merece la lectura a profundidad o las segundas lecturas, pues, como bien ha dicho antes el autor, las novelas de la Terra Alta son libros fáciles de leer y difíciles de entender. Hay una sustancia que debe ser aprovechada más allá de las horas de entretenimiento que depara el thriller que flota en la superficie.

La construcción de los personajes también es otro punto en donde Cercas corre con ventaja: no contento con regalarnos un protagonista con cuyas contradicciones podemos todos estar de acuerdo (de ahí aquello de un buen mal policía), se saca de la manga un detective colectivo, recurso de la novela policial que no cualquiera puede dominar. Esto ya lo ha dicho algún otro periodista cultural: se puede leer como un homenaje a Los siete samuráis de Akira Kurosawa, haciendo de esta una experiencia de lectura no solo trepidante, sino también dinámica.

Punto aparte son los cameos del propio Cercas dentro de estas novelas policiales. Una brillantez que demuestra la capacidad luminosa del autor de reírse de sí mismo y que solo nos queda envidiar. Lo demás es justo que cada cual lo descubra por sí mismo. Y mientras esperamos el retorno de Melchor Marín, o —aún mejor— el de Cercas, entonces sí, a deshojar margaritas.

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