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Freno al “wokismo” en España, Argentina y Chile: ¿un auge del fascismo? | Opinión

Freno a la izquierda en España, Chile y Argentina: ¿auge del fascismo o hartazgo del wokismo?

En España, los partidos posicionados a la izquierda del PSOE han sufrido un colapso en las elecciones autonómicas y municipales del pasado domingo 28 de mayo. Pareciera que la gente ya se cansó de la izquierda radical y woke de partidos como Podemos, Izquierda Unida, Compromís, Comuns, Más País, entre otros.

Por su parte, el PSOE, esto es, la izquierda tradicional de España, aunque ha mantenido su base electoral, ha perdido cientos de miles de votos. Tal es el costo de haberse aliado a la izquierda radical de Unidas Podemos (coalición de Podemos, IU y otros) y a Bildu, partido vinculado al grupo terrorista ETA.

La derecha tradicional del Partido Popular ha triunfado, y la nueva derecha de VOX, liderada por Santiago Abascal, se ha visto fortalecida, mientras que los liberales tibios de Ciudadanos casi han desaparecido del mapa. Frente al escenario descrito, Pedro Sánchez, presidente del gobierno de España y líder del PSOE, ha convocado elecciones generales anticipadas para este 23 de julio.

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En Chile, mediante el plebiscito del 4 de septiembre del año pasado, el pueblo rechazó una constitución elaborada por una asamblea constituyente de izquierda radical y woke. El pasado 9 de mayo se celebraron elecciones para el Consejo Constitucional, órgano encargado de discutir y aprobar un nuevo proyecto de constitución. El resultado fue otra aplastante derrota de la izquierda, ya que el Partido Republicano, partido de derecha firme liderado por José Antonio Kast, obtuvo la mayoría de escaños en el Consejo Constitucional. Este órgano inicia funciones el 7 de junio, y es difícil que produzca una constitución del gusto de quienes destrozaron las calles de Santiago entre fines del 2019 e inicios del 2020.

En Argentina, La Libertad Avanza, coalición de derecha liderada por Javier Milei, e integrada por liberales y conservadores, cobra cada vez más fuerza. Al grito de ¡Viva la libertad, carajo!, Milei podría convertirse en presidente de Argentina en las elecciones generales de octubre de este año.

Por otra parte, la influencia del politólogo argentino Agustín Laje en Iberoamérica ya es innegable. La popularización que Laje ha hecho de conceptos como nueva derecha y guerra cultural, sus libros, casi todos best sellers, sus conferencias y entrevistas, están influyendo bastante en miles de jóvenes y varios movimientos políticos de habla hispana.

¿A qué se debe todo esto? La izquierda radical y woke sostiene que vivimos un auge de la ultraderecha y el fascismo, pero la realidad es más compleja y ajena al mero discurso politiquero. Una explicación podría ser que la cultura woke está saturando a la gente de a pie, empezando por la de los países de habla hispana más influenciados por ella: España, Argentina y Chile. Es en estos países, precisamente, donde las alternativas políticas más frontales con el wokismo empiezan a frenar su avance.

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A propósito, la cultura woke es la llamada dictadura de lo políticamente correcto, esto es, la corrección política que genera censura y autocensura. Se basa en la pretendida superioridad moral e intelectual de quienes siguen a ciegas el discurso de los políticos y académicos de la izquierda progre.

Esto implica una suerte de sensibilidad, de sentimiento de haber despertado (de ahí el nombre), que lleva a menospreciar a todo el que discrepe de sus posturas. El woke le da más peso a la subjetividad y a los sentimientos, propios y de las minorías consideradas oprimidas, que a la realidad objetiva y a los principios de la sociedad libre y democrática. Por esto último, no sorprende la relación y las alianzas entre la izquierda woke y la izquierda bolivariana y castrista, es decir, la izquierda antidemocrática.

El wokismo asume una actitud misionera e inquisitorial, imponiendo nuevos estándares, creando y relativizando conceptos, y acusando de racista, machista y fascista a todo hereje que cuestione sus dogmas. Esto empieza a saturar a la sociedad, que reacciona apoyando a intelectuales y políticos frontales al wokismo. Es gente harta de que la pretendan aleccionar con moralismo superficial; gente que, sin hacer mucha bulla en redes sociales, cree, por ejemplo, en la vida desde la concepción, y está por cancelar sus cuentas en Netflix y Disney Plus. ¿Esto representa un auge del fascismo? ¡Claro que sí!, pero solo desde la perspectiva woke…

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